Periodismo y EBE: Ni contigo ni sin ti
Por @pacotorres
(Fotos de Enrique Dans y Wicho, subidas a Flickr)
Es evidente que hay mil maneras de disfrutar del EBE. Y eso es bueno.
Su naturaleza así lo fomenta: poco contenido e intrascendente en las mesas -salvo honrosas excepciones, como la de Paloma Llaneza y su sabia conferencia sobre privacidad-, una concurrencia muy numerosa y heterogénea; y debates paralelos que dejan de ser sanos, cuando entran en el descrédito a todo y a todos.
Entretanto: reencuentros, desvirtualización y networking. Relaciones sociales y contactos. Cervezas y copas. Y todo ello, enmarcado en el otoño sevillano. ¿Quién da más?
No es extraño que un grupo de periodistas se encuentre cómodo en tal tesitura: Se puede bajar la guardia. Total, no habrá ni un solo titular en el estrado que nos haga vislumbrar por fin si los blogueros definitivamente van a acabar con nosotros.
El estado de la blogosfera grita: “¡¡si me queréis, irse!!”, entre bostezos del respetable.
Y aunque estamos ‘jarticos’ de escuchar y decir que el periodismo y el bloguerío no son lo mismo, que EBE es otra cosa, que para hablar de periodismo ya hay otros saraos… año tras año venimos a ver cómo compañeros nuestros, grandes periodistas, vienen a orientar el diálogo, bien inaugurando, clausurando o intermediando el encuentro.
Luego, por supuesto, nos vamos de cañas con ellos.
Francamente, nos llena de orgullo y nos abre ciertas dudas:
- Si la blogosfera no existe y los blogs han muerto… ¿para qué sirve el EBE?
- Si, en el caso de que siguieran vivos, los blogs pasan del periodismo, ¿qué hacían aquí Koro, Karma y Sindo?
- Si estamos ante la web participativa, ¿por qué, nos dicen, no se permite emitir en streaming?
- Si lo que queremos es irnos de cañas, ¿lo hacemos sin pasar por la sala?
¿Y tú, cómo lo ves?









