La libertad de los internautas a debate
Nadie quería catar ese melón porque la que se iba a liar iba a ser más que parda, pardísima y al final el mismísimo presidente del Gobierno defendió en el Congreso el anteproyecto de Ley de Economía Sostenible, proyecto de nombre bonito pero que incluye la manzana envenenada (a ver a quien le va a salir el tiro por la culata…) de las descargas de Internet y la propiedad intelectual.
Horas después del anuncio y del happening protagonizado por un puñado de artistas (por cierto, no creo que ninguno de estos artistas haya sido pirateado nunca, pero la emoción de subirse a un escenario es algo que se lleva en la sangre y algunos no lo practican muy a menudo) surge un manifiesto en defensa de los derechos fundamentales de Internet y en contra del anteproyecto de ley. Al día siguiente, el manifiesto aparece en miles de blogs, medios digitales, escritos, radios y televisiones, causando un revuelo inusitado. Tal repercusión tuvo el manifiesto que esa misma tarde algún miembro de la Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos ya andaba diciendo que el manifiesto se había gestado incluso antes de la presentación del anteproyecto de ley.
¿Y ahora qué? me temo que esto ya no tiene vuelta atrás y las opiniones que unos y otros llevan meses publicando, ahora se enfrentan tanto en Internet como en el mundo físico.
El problema real, el que no está en ninguna agenda del Ministerio y que difícilmente estará, es que el mundo ha cambiado, no que vaya a cambiar… que ha cambiado ya hace tiempo, que la industria de la música ha muerto, tal y como se entendía hace 20 años, que los ingresos de los músicos y de otros artistas no dependen ya de un contrato con una multinacional, que la gente ya no escucha listas de éxitos en la radio, sino que crean sus propias listas y las comparten en Internet, que los libros ya son digitales, como la música, el cine o la televisión, lo que facilita que cualquier artista pueda poner su obra en Internet para que la gente la disfrute tanto gratuitamente como de pago.
Spotify e iTunes son modelos de negocios digitales que pagan religiosamente a los artistas. Los usuarios de Internet no son delincuentes. Se consume más música que nunca, de más músicos diferentes que nunca. Los conciertos están llenos ya ahí hay que pagar. Nuevos músicos acceden al mercado sin tener que pasar por la piedra de las multinacionales de la música. El mercado del celofán, de las cajas de plástico y de los disco metálicos ha muerto, por más espectáculos trasnochados de políticos y artistas de antaño. El mundo ha cambiado y eso ya no tiene vuelta atrás. Sólo hay un camino y es hacia delante, hoy es la música, pero mañana será la televisión y la literatura.
Queremos pagar los derechos de los autores, pero que sea un coste justo y proporcional. No queremos un canon que nos trata de delincuentes. La postura de la Coalición es insostenible, desde que se inventó la piratería ésta no ha hecho más que mejorar y no ha habido ley, ni la habrá, que la pare. No se pueden poner puertas al campo y la única forma de evitar que una persona se baje un archivo de Internet o escuche una canción en la Red es cerrar Internet en España.
Es mucho mejor plantear el cambio de modelo de negocio y empezar a remar todos hacia el mismo sitio, ofreciendo la posibilidad de pagar por los contenidos, sin penalizar el préstamo, fomentando las licencias de creative common y asumiendo que el mundo ya no tienen fronteras y que los usuarios pueden consumir el producto digital que les apetezca.
Una gran parte de los miembros de la Coalición no son creadores sino intermediarios y a Internet no le gusta intermediarios. No se puede hacer una ley sólo para proteger a los intermediarios en Internet. Ese es un problema que nos afecta a todos: medios de comunicación y empresas de todo tipo. Ya no podemos ser simples intermediarios o incluimos un valor añadido a nuestro trabajo o estamos fuera.
Los zombies, los muertos vivientes de la cultura, no van a impedir la llegada del nuevo día digital, ni la libre circulación de los contenidos en la Red. Todavía están a tiempo de aprender una nueva palabra, regular y olvidar la única que compone su discurso actual: prohibir.

