El género documental adquiere un nuevo significado a partir de Malvinas30. Partiendo de una idea del periodista Álvaro Luizzi, que coordina el proyecto, y la producción y realización de la también periodista Guadalupe López, el equipo, que integran además Ezequiel Apesteguía y Romina Vázquez, ha puesto en marcha este interesante proyecto sobre la guerra de las Malvinas, de la que ahora se cumplen 30 años.
Se trata de un documental interactivo que aprovecha las redes sociales y las nuevas herramientas que ofrece Internet para enriquecer el ya de por sí creativo género del documental en un alarde de ingenio y originalidad.
A partir del 30 aniversario de uno de los últimos delirios asesinos de la dictadura militar argentina, Malvinas30 nos cuenta en tiempo real y en primera persona los acontecimientos que desencadenaron esta barbaridad geopolítica.
En Twitter, el joven @SoldadoM30 aprovecha los ratos libres que le deja la prestación de su servicio militar obligatorio para seguir los partidos de la selección argentina en el Mundial de #España82 (sí, han creado este hashtag), se comunica con sus compañeros, cuenta cómo es su día a día, se hace eco de las noticias que publican los diarios en el otoño austral del 1982 y cuelga fotos de sus compañeros de cuartel.
En Facebook, el perfil Malvinas30reconstruye la escalada bélica a través de las portadas de los principales diarios del país, donde se pone el foco en el papel fundamental que jugaron los medios de comunicación en el desarrollo de esta contienda y el apoyo popular que la respaldó.
Gracias a esta hemeroteca nos podemos hacer una idea del contexto económico y social del país en esos momentos.
Y en su web, la plataforma donde se aglutina toda la información, se alojan entrevistas y vídeos de aquel tiempo, además de un completo catálogo de documentales de otros realizadores sobre el conflicto y entrevistas con sus autores. Recomendamos un largo paseo por esta página si estás interesado en el tema.
Para quienes la guerra de las Malvinas fue en un primer momento un recuerdo de la niñez, poder ver el vídeo de un militar declarando a cámara que los soldados desplazados a las islas comen mejor que en su casa, o resumir el estado del conflicto con la frase “vamos ganando”, causa sonrojo y algo más que indignación.
El ejercicio de Malvinas30 recuerda, por su originalidad y leitmotiv, al experimento de Orson Welles con su recreación radiofónica de la novela de ficción La Guerra de los Mundos, en 1938. Entonces, su efecto supuso la toma de conciencia de la sociedad sobre el poder de los medios de comunicación. En la década de los 30 del siglo pasado, la radio estaba convirtiéndose en un medio de masas en un desarrollo análogo al que ahora ocurre con las redes sociales.
La ventaja o la diferencia de este trabajo es su carácter interactivo, pues se reserva un espacio para aquellas personas que tuvieron algo que ver en esta guerra, a quienes se les invita a hacer llegar a su plataforma cartas, fotos o cualquier otro material relacionado con esa vivencia que irán dando a conocer. Sin duda, será este apartado otro de los atractivos de este proyecto que, como sus autores titulan nos cuenta “la guerra en primera persona”.
Estamos a pocos días del 2 de abril, fecha del desembarco de las tropas argentinas en las islas hace ahora 30 años. Estaremos muy atentos y recomendamos seguir las andanzas de @SoldadoM30, seguros de seguir sorprendiéndonos por la audacia de este equipo de periodistas e investigadores que han enriquecido, sin duda, el ya de por sí valioso género documental.
Iniciamos 2010 en Conexión Calambre con un debate sobre las retransmisiones en directo vía Internet de fenómenos o hechos de última hora. La cobertura de las primeras horas, tras el terrible terremoto de Haití, fue de alguna forma, el primer experimento serio y masivo.
Doce meses después, cerramos el último podcast del año lamentándonos por el cierre de CNN+, y su sustitución por la emisión durante 24 horas de Gran Hermano. La casa en directo. Nada que añadir.
Karma Peiró nos introdujo una pregunta a partir de un caso real ocurrido durante las últimas elecciones autonómicas catalanas: en los periodos electorales, las limitaciones que impone la Junta Electoral Central a la información de campaña en la televisión afectarían a Internet. A priori, la Ley que regula este aspecto no lo menciona.
Pero ojo, que a partir de ahora, las televisiones privadas también estarán obligadas a minutar las crónicas por partido en función de su representatividad en escaños. Quién sabe si los operadores ampliarán en sus webs las crónicas, las entrevistas al candidato/a o los debates. En mayo se celebran elecciones autonómicas y municipales, al tiempo.
El año 2010, en cuanto a televisión se refiere, ofrece un balance negativo por la desaparición de los programas informativos de calidad que ofrecía CNN+.
Al mismo tiempo, aumenta el consumo de televisión, según los datos que ofrece la empresa encargada de medir las audiencias. Ha sido el año del apagón digital, y la llegada de la TDT que, sin embargo, no ha aportado contenidos de calidad, y más bien al contrario, salpica toda la parrilla de trabajos de dudosa calidad y muy baja factura en sentido literal y figurado.
A pesar de este panorama, pensamos que Internet es la pantalla alternativa a la caja tonta con la confianza de que, algún día, la cordura y la responsabilidad vuelva a los directores de antena de los diversos operadores de televisión que explotan un espacio público bajo la condición de entretener, formar e informar al público. O al menos que alguien haga o diga algo.
¿Cómo se gestionan los derechos de propiedad sobre contenidos de televisión volcados en Internet? Sobre todo cuando se expande una moda en el medio caliente, que dijo McLuhan: la televisión se nutre de Internet con una asiduidad sospechosa para buscar imágenes que emitir mientras sus reporteros se quedan en la redacción, si es que no están ya en el paro.
Y la tónica general es no citar la fuente e incluso ocultar la mosca que identifica al canal propietario de las secuencias. Esto le ha pasado no hace mucho a un equipo de la EiTB que grabó unas imágenes espectaculares en una plaza de toros de Tafalla. Imágenes que dieron la vuelta al mundo gratis total y sin siquiera el reconocimiento merecido a sus autores.
Con este caso que nos contó Lontzo Sainz iniciamos esta edición de Conexión Calambre, la primera de esta temporada en la que también abordamos la que ha sido hasta ahora el último fenómeno televisado en vivo y al mundo entero: el rescate de 36 mineros en Chile.
Y medio año después del apagón analógico, o encendido digital para los optimistas, la paradoja abandona la abstracción y se hace materia: tenemos más canales de televisión de libre acceso que nunca, pero no ha significado un aumento en los contenidos. Al contrario: crecen las reposiciones, las redifusiones y las teletiendas… La TDT, ése regalo envenenado de efectos retardados.
Como siempre certero, Santi Reviejo, cierra esta edición con El Chispazo.
Muchos de los que pensábamos así, nos venimos sintiendo algo desorientados de un tiempo a esta parte. Y hasta nos cuesta identificarnos con lo que es hoy la profesión.
Desde que los periodistas pertenecientes a la escuela de Calaf fueron injustamente retirados de la televisión estatal –de la comercial mejor no hablar- la calidad a la hora de cumplir con el malinterpretado servicio público se han resentido notablemente. Y se da por hecho que lo de servicio público va sólo por entretener.
Lo de informar se ventila con los telediarios, y lo de formar, con Los Lunis y Pocoyó. Evadir la mente con series y películas ha de ser más grato -pensarán- que reflexionar y que saber, las dos habilidades que procuran el formarse e informarse.
Esa misma esencia filantrópica es la que trasciende de los trabajos con los que nos han deleitado durante años estos periodistas y de los que andamos casi huérfanos en la caja perversa, que no tonta, que tenemos hoy.
Ya no cabe análisis ni didáctica ni originalidad. Con crisis y sin ella, ahora se compite por la vía de imitar esas “tendencias informativas” que arrasan en el resto de la parrilla, y que no son más que un periodismo low-cost vergonzante que ha perdido –si es que alguna vez lo tuvo- el mínimo respeto por su audiencia.
Afortunadamente, la característica voz de la Calaf arrancando un reportaje o una crónica, hablándote como si fueras una persona con capacidad para discernir y asimilar ideas en poco más de diez minutos se me ha quedado grabada en el subconsciente, igual que pasa con la voz de Artal y del resto.
CRÉDITOS Foto 1. Agosto de 1973.Rosa María Calaf, periodista de TVE, posa con un chimpancé en los brazos durante su viaje por tierras africanas.Foto 2. Imagen reciente de Rosa María Calaf. Del archivo de IDEAL. Gracias!
Cualquiera que se haya preguntado cómo se hacen las mediciones de audiencia en España y le hayan contado cómo se hacen, se habrá formulado las mismas preguntas que Alejandro Pérez Blanco, director del documental ¿Quién está ahí?
Ha sido un gran hallazgo este trabajo periodístico cuya modestia de medios realza, en mi opinión, la calidad del guión, tanto en su planteamiento como en su estructura narrativa.
La audacia del director consiste, creo, en denunciar de forma tan clara y sin rodeos el sometimiento del empleo del sector audiovisual al dictamen de los 4.500 hogares españoles con un audiómetro enchufado a sus televisiones. Como bien se cuestiona Alejandro Pérez Blanco, ¿4.500 hogares representan a más de 42 millones de habitantes? Yo pienso que no.
Por motivos profesionales, recibo a diario los índices de audiencia que elabora Corporación Multimedia, y nunca he visto ninguna nota a pie de página ni ficha técnica en la que se aluda al margen de error de la encuesta.
Un ejemplo tomado al azar: según el informe del pasado miércoles, 27 de octubre, casi el 20% de los hogares españoles en los que había una televisión encendida por la tarde, deglutía sin atragantarse auténtica bazofia catódica. De ser fidedigno el sistema de medición de Kantar Media, antes Sofres, el Gobierno y la sociedad en su conjunto, debería preocuparse seriamente. Y sobre todo, llamar a las cosas por su nombre.
Este programa de televisión generalista al que me refiero, que se emite en horario infantil, es el que acumula el mayor número de quejas por parte de los telespectadores, y sin embargo, es el más visto. Para mayor gloria de los programadores, no es sólo que se emita en horario protegido, si no que además, colma la franja de horario protegido reforzado -entre las 17 y las 20 horas-, que es cuando se estima que los menores ven la televisión solos, sin compañía de un adulto.
La Secretaría de Estado de las Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información (SETSI) le ha abierto un expediente sancionador porque sus contenidos, al margen de la sensibilidad estética e intelectual del personal, están totalmente contraindicados para los menores que potencialmente están frente al televisor entre las cuatro y las ocho de la tarde.
Al mismo tiempo, este espacio “innovador”, según sus entusiastas, es uno de los buques insignia de la cadena y contribuyó a salvar su cuenta de resultados en 2009. Tal vez por eso, y en todo un alarde desafiante de cinismo, alargó su duración casi una hora. Ya toda la larga tarde, en ese canal, sólo se puede ver este formato “controvertido“, según quienes se suponen que más saben del oficio.
Puesto que el veredicto de las curvas de audiencia tiene consecuencias de tan largo alcance, ¿no sería conveniente aumentar el tamaño de la muestra? En tal caso, mejoraría la calidad de los contenidos televisivos que, al parecer, triunfan al menos entre las 4.500 familias con un audiómetro en casa?
Dicen que cuando alguien lee o escucha mensajes que se identifican con su pensamiento o con su forma de ser más íntima, experimenta -a nivel subconsciente- una sensación de placer. Los españoles, según Corporación Multimedia, alojamos un barriobajero en lo más hondo de nuestro ser, tan soez como zafio, tan ignorante como cínico.
NOTA: Quiero felicitar a Alejandro Pérez Blanco por este documental que tal vez nunca se verá en las televisiones ni en los cines, pero que está triunfando en Internet.
CRÉDITOS
Artículo escrito por Carmen Ibáñez, @Carmenciti
El concepto que los partidos tienen de la misión de servicio público pretende extender a las televisiones privadas la obligación de encorsetar la cobertura de las campañas electorales. Carmen Ibáñez, @carmenciti, miembro de 1001 Medios analiza la intencionalidad de la norma propuesta y su repercusión en el gremio periodístico.
Uno de los “asuntos de estado” en el que los dos principales partidos de nuestro país se han puesto de acuerdo consiste en obligar a las televisiones privadas a cometer la misma insensatez –por decirlo políticamente correctamente- a la que ya se ven obligadas las televisiones públicas. Y que no es otra que tasar en minutos y segundos la crónica electoral durante los días que dura la campaña de forma proporcional al número de diputados que tenga cada partido. Y así, desde que en 1983 se promulgó la Ley General de Régimen Electoral: 25 años.
Los defensores de este artículo de la ley (los dos principales partidos, los más acérrimos), apelarán al espíritu democrático del mismo. Esgrimen además que las televisiones privadas tienen su licencia a cambio cumplir la misión de servicio público. Curioso que se acuerden de esta misión 20 años después del nacimiento de las privadas y sólo en lo tocante a la cobertura de la campaña electoral. Podrían haber empezado, por ejemplo, por los contenidos para un público infantil en fase de formación, pero eso atenta contra la libertad empresarial. Harina de otro costal, vamos.
Los detractores a este reparto matemático del tiempo apelan a la distorsión de la realidad que causa esta regla de tres, que convierte escaños en segundos de reloj.
La peripecia profesional a la que tuvo que enfrentarse el reportero/a que cubrió la campaña electoral de, por ejemplo, un partido con cinco diputados como el PA en la campaña autonómica de 2008, rozó el delirio: resumir en nueve segundos una jornada de mitin con propuestas programáticas, total del candidato incluido.
La paradoja está en que, habitualmente, las crónicas de campaña de los principales partidos contienen, además del anuncio del día, un porcentaje alto de críticas al candidato rival. Deduciremos pues que al redactor le sobraron segundos e incluso minutos para contar las promesas de dicho partido, y relleno. ¿O no?
Los periodistas, lógicamente, han puesto el grito en el cielo, aunque el cielo es tan grande, que no se les oye demasiado, todo hay que decirlo. Y este anuncio ha llegado precisamente cuando se estaban visibilizando las objeciones de la profesión a este sistema y se estaban demandando cambios.
En 1001 Medios discutimos mucho sobre si Internet ha destronado a la televisión, y no lo pongo en duda. Creo que va por barrios, aunque será inevitable. Pero lo que está claro es que nuestros políticos al menos, no lo creen, y siguen pensando que la televisión es el medio más eficaz para persuadir a los votantes.
El volumen de recursos que se gastan en organizar tres o cuatro platós de televisión al día y exteriores (mitin en el poliderpotivo, visita a la fábrica de la comarca, paseo por el centro y cierre con cena mitin en una venta cercana) no es fruto del capricho del jefe de campaña.
En un mundo ideal, la cobertura de una campaña electoral, que no es más que otra noticia del día, no estaría condicionada por este equilibrio matemático, como una pretendida garantía de objetividad y neutralidad de la información.
Tal vez si fuera más habitual el respeto por los códigos deontológicos de la profesión, sobre todo por parte de los editores de noticias. Tal vez si un buen número de periodistas de calle no estuviera tan politizado y echara mano de vez en cuando a los apuntes de Deontología Periodística de la facultad, las reivindicaciones de la profesión en este tema, como en cualquier otro, habrían brillado algo más. ¿Quién sabe?
Pero existe una contradicción en este gremio, que a veces exhibe un corporativismo mal entendido, al defender la libertad del periodista como argumento que justifica malas prácticas como la falta de neutralidad: ocultación de datos al espectador, no contrastar la información… De esa manera, sale perdiendo el periodismo y se violan derechos constitucionales (art.20.d) de la gente normal y corriente.
El golpe de efecto que, de cara al próximo pronunciamiento del TC sobre el Estatut, pretendían los 12 diarios catalanes publicando un mismo editorial ha quedado algo desdibujado, en mi opinión. Lo que queda de esta polémica no es tanto la defensa de la “Dignidad de Catalunya”, que también, si no el hecho en sí de que una docena de periódicos de distinto corte editorial hayan pactado está acción coordinada.
Al día siguiente de la publicación del editorial comenzaron a conocerse detalles sobre su planificación, quién tuvo la idea, cómo se pergeñó. En el origen parece ser que está el director de uno de los periódicos, que es hermano de un dirigente político y alto cargo institucional en esa comunidad autónoma.
Nada que objetar a estos parentescos a priori, pero como a posteriori ha trascendido que el Gobierno catalán conocía de antemano el texto y el hecho de que se iba a publicar conjuntamente, la cosa cambia.
En los primeros momentos de saltar al aire las portadas de estos diarios con su editorial, evoqué el poder del periodismo, aquello de función de servicio a la sociedad, garantes del derecho a la información, en fiscales del poder, corrientes de opinión pública, etc, etc, etc.
Esta ensoñación habría durado algo más de no ser por lo que ocurrió luego. En los medios contrarios al Estatut se tiraba de hemeroteca, y se recordaban las ayudas a la prensa concedidas en los últimos tiempos por el Gobierno catalán y se anunciaban las están por venir.
En definitiva, le di vueltas a la línea –cada vez más fina- que separa a partidos políticos y medios de comunicación. Y el debate se me convirtió en un laberinto.
En momentos de crisis económica y de revolución estructural, ¿qué dueño de periódico se resiste a unos ingresos extraordinarios? ¿Qué deriva seguirán los diarios impresos, integrados muchos de ellos en grandes corporaciones multimedia, con intereses directos en concesiones administrativas para radio y televisión?
Si hasta ahora, los partidos políticos se servían de un medio de comunicación concreto para crear opinión, vamos a acabar viendo cómo los medios de comunicación se servirán de partidos políticos para lograr sus objetivos mercantiles.
Mejor dicho, y como decía el slogan: “Está pasando, lo estás viendo”.