Por El Rafa. Tuesday, 23 de January de 2007.

Una noche tonta

Qué encanto tienen las “noches tontas”. Son esas en las que uno ni remotamente se plantea nada. Sales del trabajo y piensas… me voy para casa. Pero algo en tu interior te dice “pero hombre, echate una cervezilla, no vayas a llegar en ayunas que queda feo”. Y claro, si lo dijera otro todavia, pero si la voz sale de tu interior ¿quiénes somos para negarle ese capricho?

Así que previo mensajillo al movil te enteras de que en el bar de costumbre, por ser lunes, ponen una peliculilla (el Laberinto del Fauno, en este caso). Así que uno se plantea seriamente tomar unas tapillas con los amiguetes, y si encarta ir a ver la pelicula. Y la ves.

Hasta ahí todo bien. Una hora prudente. Pero resulta que mi amiguete el guitarrista se ha autoproducido una maqueta y evidentemente hay que escucharla. Como viene siendo habitual, no se puede ver una pelicula o escuchar una maqueta sin su posterior debate tipo Garci, cortina de humo mediante.

Los debates, y más cuando va pasando la noche, se acaloran. Empieza uno discutiendo sobre si tal riff se parece a uno de Van Allen y termina arreglando el mundo, que es a lo que hemos venido. Y de repente el tiempo se detiene. Los mismos colegas con los que uno se junta los fines de semana cambian radicalmente, las discusiones vanales de los sábados se tornan manifiestos filosóficos, auténticos tratados sobre la vida, la pareja, la música, el cine, y demás artes. Es un retorno al crapuleo, la vida bohemia, sólo se hecha de menos un joven raquítico sentado a solas en una mesa apartada escribiendo poemas para que esto parezca el escenario de “Luces de Bohemia”.

Y cuando menos te lo esperas dan las 3 de la madrugada, y mañana hay que madrugar. Así que con un sentimiento efímero de culpabilidad se va uno a su casa con una sensación más que agradable de haber aprovechado la noche, y de haber sacado unos momentos estupendos de donde en principio no había más que una cervezilla al salir del curro.

Y son estas noches, las noches tontas, las que realmente valen la pena. Son noches sacadas de la manga, noches en las que no hay que empujarse para pedir en la barra ni hay que ir acicalado ni charlar con tal o cual persona por que son amigos de tus amigos. Son las verdaderas noches, donde más se disfruta y las que más se echan de menos cuando empiezan a casarse los colegas y a cambiar (lógicamente) de hábitos.

Salud y suerte



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