Rizando el rizado rizo
La fe que la gente deposita en la tecnología crece exponencialmente de un día para otro.
La amplitud del mercado hace que se de por hecho que haya cacharros para todo, desde lo más inútil hasta las fantasías más maravillosas.
Pero tanta tecnología en casa hace que en ocasiones lo que realmente se necesite sea lo más tonto que exista.
Esta mañana ha entrado un cliente preguntando por ratones inalámbricos. En principio no es de extrañar su interés, sinembargo (como no) cuando se los estaba enseñando me soltó un -”¿Hay alguna forma de atar el ratón inalámbrico al portátil? Es que siempre se me cae al suelo, ya he roto dos?”-
Cáspita, pues si que la hay, un ratón no inalámbrico.
Y es que nos ciega la tecnología.
Ayer comenté el caso del hombre que quería un cacharro caro pero normalucho, hoy hemos tenido al señor que quería un ratón inalámbrico pero con cable. ¿Qué nos deparará el mañana? ¿Un ordenador portátil de 25 kg? ¿Un MP3 que reproduzca música en alta calidad pero bajito para que no moleste?
En fin, no somos nadie.
Salud y suerte