Por El Rafa.
Wednesday, 14 de October de 2009.
La vida es sencilla, simple, toda una futilidad que debemos complicar a base de tesón y esfuerzo para hacerla algo más divertida.
Esto supongo que pensarán algunos clientes.
El mundo de la informática es cada día más intuitivo. Lo que antes eran varias líneas de texto escritas contra un fondo negro, hoy apenas son uno o ningún clic en cualquier parte de una foto de Angelina Jolie en bikini (o el fondo de escritorio que se use).
Siempre es sano complicarse. Bueno, la complicación en si no, sino el hecho de querer darle la vuelta a las cosas. Investigar, equivocarse, aprender, volver a equivocarse, seguir aprendiendo, investigar más hasta llegar a la solución: ese debería de ser el día a día de cada uno de nosotros.
La ventaja del complicamiento sistemático suele ser que a través de la pregunta correcta se llega a la solución idónea sin apenas necesidad de que exista una respuesta real a nuestra cuestión.
Toma moreno.
Ilustremos con ejemplos la pollada que he soltado:
Cliente: Buenas, necesitaría un programa.
Yo: Ahá, ¿Puede concretarme un poco más?
Cliente: Pues no mucho, yo es que de informática no entiendo. Pero necesito un programa que me permita convertir el formato de mi vídeo cámara a dvd para verlo en la tele, ¿Me explico?
Yo: Un programa que convierta… ¿Un conversor tal vez?
Cliente: Eso, eso. Jolín, qué listo eres. (Esto último lo añado yo, para adornar un poquito el ejemplo).
Un programa que convierte cosas… ¿Se llama conversor?
Elemental querido Watson.
Cliente: Buenas, necesito un aparato que sea un disco duro pero que no vaya dentro de la torre y me lo pueda llevar de un sitio a otro.
Yo: ¿Un disco duro portátil?
Elemental querido Watson.
Cliente: Buenas, ¿Tienes un programa de esos que son para quitar los virus? ¿Cómo se llaman?
Yo: Antivirus.
Lo curioso es que estos clientes suelen ser los que “no saben de informática”, cosa que no les impide saber qué es lo que necesitan aun sin saber cómo se llama o directamente si existe.
Cliente: ¿Cómo se llaman los cd’s que vienen en blanco para grabar cosas?
Yo: CD en blanco. O virgen, según se prefiera.
Y es que no hay nada como saber lo que se necesita o simplemente planteárselo. Cuesta trabajo, lo se, pero con ejercicio se consigue. Evidentemente nadie nace sabido ni leído ni escribido, ni todos tenemos por qué dominar las mismas materias. Pero si sería importante antes de solicitar algo saber más o menos qué es lo que se quiere.
Como habéis podido observar en ocasiones el simple hecho de plantearse lo que se necesita nos lleva a dar con la solución, pese a no saber nada del tema.
Al paso que avanza esto de los ordenadores, los leds de colorines y demás zarandajas computacionales ya mismo tendré consultas como:
Cliente: Buenas, necesito algo para condensar fluzo…
Yo: Comprendo, usted lo que quiere es un…
Salud y suerte.
Por El Rafa.
Wednesday, 14 de October de 2009.
Tras un tiempo sin leer ninguna noticia acerca de derechos de autor, copias privadas y demás, me topo esta mañana con este artículo donde muy correctamente se define el concepto de copia privada. Aunque faltan un par de matices a mi entender, bien ha bastado para volver a pensar en el tema.
Mis cortas entendederas me incitan a pensar que el problema más grave es la duración de los derechos de autor. Básicamente se cuenta desde que salió “Blancanieves y los siete enanitos” y se irá alargando hasta que la Disney nos separe, unos setenta años creo que van ya.
Durante todo ese tiempo cada persona, criatura o individuo que haga uso de la canción/libro/película en parte o en su totalidad deberá pasar por caja. Así que no se podrá distribuir libremente, no se podrá modificar mejorar o ampliar, no se podrá tener acceso universal a él y muchas más patrañas del estilo.
Pero… ¿Qué pasa con los compositores, pintores, directores, … que “homenajean” o se “inspiran” en otra obra? ¿No tendrán ellos que pagar derechos de autor?
Así una presentación de un disco sería algo así como:
“Estoy muy contento con mi nuevo trabajo. He pretendido homenajear a varios de mis artistas favoritos y como resultado de semejante inspiración aquí tenemos estos diez temas que me llenan de orgullo y satisfacción. Como pueden ver en el libreto que viene con el CD, junto a cada título de la pista se incluye una fotocopia compulsada del ticket de compra del disco en el que se basa. Es una putada tener que haber comprado todos los discos para usar sólo una canción de cada uno, pero mi manager me dijo que cada vez que usas Spotify el niño Jesús llora, y no queremos que eso pase”.
O bien eso o que cada tema que se componga sea completamente original y se obligue a no repetirse durante setenta años. Claro que bien pensado esto no es mala idea…
También habría que pedir dicho certificado en el cine. Por ejemplo deberías solicitarlo a Clint Eastwood presentando el ticket de compra de “Harry el sucio” si quieres que en tu película digan “alégrame el día”. Claro, que si lo que tu personaje dice es “alégrame la noche” el certificado habría que solicitarlo a Lucía Lapiedra.
Si esto fuera cierto, y todos los autores pagaran por “basarse” en otra obra los Ramones, por ejemplo, estarían arruinaforrados de pagarse por cada una de las canciones que tienen exactamente igual que la anterior.
Y el pensamiento/moraleja/pregunta existencial del día es: ¿Qué es peor, bajarme una peli para verla en casa, o que un artista me tome el pelo cambiando cuatro notas de un tema para hacerlo pasar por uno original?
Para concluir el artículo una cita de Arcipreste de Hita hablando de su propia obra que ya usé anteriormente pero me encanta repetirla, a ver si alguien la oye y toma nota:
“Cualquiern omen que lo oya, si bien trovar sopiere,
puede más añadir et enmendar si pudiere.
Ande de mano en mano a quienquier quel’ pidiere
como pella a las dueñas tómelo quien podiere”
Ahí queda eso.
Salud y suerte