Por El Rafa.
Sunday, 1 de November de 2009.
Leo esta noticia en Diario Jaén y no puedo más que quedarme con un sabor agridulce en los labios. Dos pensamientos me rondan la cabeza:
1.- 16.000 chavales no comprarán 16.000 ordenadores en tiendas de informática. Chungo. Hace unos años subvencionaban la compra de un ordenador con un cheque de 450€ que yo (y cualquier otra tienda) cobraba casi después de que al equipo se le pasara la garantía. Quitando al carrefúl, el cortinglés o el nosemostontos, pocas tiendas conozco que puedan arrastrar una deuda de 450€ por equipo vendido durante más de … un par de meses. Se ve que para no ahogarnos como antaño han decidido comprar los ordenadores a Toshiba vía cortinglés y muerto el perro se acabó la rabia.
Es que lo nuestro es puro vicio: ¿Que nos compran los ordenadores y los cobramos a los muchos meses? Nos quejamos. ¿Que no nos los compran? Nos quejamos también. Claro, si en lugar de un negocio de informática fuéramos una inmobiliaria o un concesionario, otro gallo nos cantara, tendríamos a los banqueros haciendo cola en la puerta para presentar su oferta más jugosa.
2.- Bueno, vale. Sea como fuere ya tenemos a 16.000 chavales con sus correspondientes ordenadores. ¿Para qué? ¿De qué me sirve tener un ferrari último modelo si lo que voy es al tajo a varear olivos?
Primero habrá que adaptar la escuela, los planes de estudio y los medios al alcance. Y sobre todo formar a los profesores. Intenta pedirle a la Junta (como profesor) que te de un curso sobre internet, nuevas tecnologías o incluso guadalinex. La respuesta es “no hay pelas”. Claro jodíos, lo habéis gastado todo en portátiles y ya no queda ni para la luz que carge la batería.
Sastamente lo mismo que con la TDT. Queremos ser los más modernos, los más marchosos, los más chupiguais. Así que adoptamos lo más nuevo que haya en el universo mundo de la tecnología, sobra decir que sin infraestructura para mantenerlo.
Ni la TDT tiene cobertura total en todo el territorio, ni cada alumno necesita un portátil para perderlo, romperlo o dejárselo junto a la portería del campo de fútbol, ni a nadie le es preciso un ferrari en carreteras limitadas a 120km/h en el más generoso de los casos.
¿Qué haría falta, pues? Simplemente garantizar la cobertura a toda tele viviente antes del apagón analógico, suplir todas las faltas de la enseñanza antes de requeterriar el rizo, hacer carreteras más seguras, … resumiendo: prepararlo todo para que el futuro entre sin tropiezos, y no meterlo con un biergo hasta el fondo del granero.
Y así todo: tendremos a gente saturada de una tecnología que no sabe usar, otra pasando fatigas por no poder poner en práctica todo lo que saben.
Cuando hay pala no hay mierda, cuando hay mierda no hay pala… c’est la vie.
Salud y suerte
Por El Rafa.
Sunday, 1 de November de 2009.
Según los manuales de física tendera, a cada uno de los clientes de la naturaleza le corresponde un anticliente de igual rango y valor inverso que equilibra la balanza. Luego se ha demostrado que no, que por cada cliente existen lo menos cincuenta anticlientes, pero eso es otro cantar y además nos manda la ecuación a tomar por culo.
Entra un equipo en el taller, un portátil al que no le funciona la tarjeta wifi. Lo miro, remiro y viendo que realmente no funciona decido cambiarla. Tengo dos opciones: ponerle una tarjeta interna como la que tiene, que le sale por unos 50 euros, o instalarle una externa por USB que apenas llega a los 20. Tras consultar al cliente hago lo segundo, recoge el equipo y le explico como debe manejarse ahora.
Hasta ahí sin mayor problema. Le comento que intente conectar y desconectar la tarjeta con el equipo apagado para evitar que Windows vuelva a detectarla y cause conflictos. Talmente como quien habla a una pared, así que como era de esperar vuelve al día siguiente.
Cliente: Mira, que esto no va y tal y cual…
Yo: A ver… (efectivamente era un problema de controladores, ni puto caso me hizo) esto por aquí… esto por allá… voilá, portátil funcionando.
Cliente: Caramba que rápido. ¿Qué te debo?
Yo: Nada, hombre, nada. Pero ten cuidado que no te pase de nuevo.
Cliente: Pues muchas gracias entonces.
Hasta ahí lo que podría llamarse una visita idílica: se solventa el problema, se pregunta lo que se debe y se agradece la atención. Aquí paz y después gloria.
Pero como no hay cliente sin anticliente, cuando estaba apagando el portátil y él sujetando el maletín para guardarlo entra su madre: la anticliente.
Anticliente: Vaya, vaya, vaya. Pero vaya, vaya. Vaya.
Cliente: Ya está arreglado mama, ha sido cosa mía. Me comentó cómo conectarlo, pero lo hice mal. Y mira, en una chispa me lo ha puesto todo en su sitio.
Anticliente: Pues ya le vale, por que vamos, el equipo pasa aquí más tiempo que en casa.
Yo: A ver señora, el equipo me lo trajo el miércoles, se lo llevó el jueves y hoy apenas han sido cinco minutos. Además ya le ha comentado que no ha sido fallo del equipo.
Anticliente: Si, si, lo que tu quieras, pero se lo llevó ayer y ya esta aquí otra vez. Vaya, vaya, vaya.
Cliente: Que no, que ya está. Ala, vámonos.
Anticliente: Encima no pretenderás cobrarnos otra vez, ¿no? Que ya está bien de tanto cobrar…
Así que lo que en principio era una visita idílica, digamos de índice 8 hubo que restarle en segundos 10 puntos, con lo que quedó una visita de índice -2.
Como comentaba al principio, la naturaleza puede soportar un anticliente por cada cliente, pero en la realidad por cada uno hay varios anticlientes. Al principio eran dos, luego doce, luego treinta, luego cincuenta…
¿Que pasará cuando el universo esté lleno de anticlientes? No podrán nacer nuevos clientes, y se formará un agujero negro que absorberá las ganas de vivir y trabajar de cualquier humilde tendero…
Pero como la naturaleza es sabia, creó las flautas de palo, los rebaños de cabras y los montes para que estos tenderos cuya esencia vital ha sido absorbida por esos agujeros negros tengan una segunda oportunidad como sanos pastores.
Salud y suerte