Un simple problema de entendimiento.
Hay portátiles y equipos en general que se ponen caprichosos a más no poder. Le rascas una oreja y ahora le pica la otra, le pones de comer solomillo y resulta que tiene antojo de sardinas.
En estos toma y daca entre el cacharro en cuestión y yo el final suele ser incierto: tal vez un formateo, quizás un cambio de placa base, sólo la memoria, algún virus que se ha escondido demasiado bien…
Hoy tengo un equipo de esos, un flamante portátil que tiene como talón de Aquiles el conector de alimentación. Dos veces se ha tenido que sustituir, y esta última además viene con regalo de navidad: el puñetero no se enciende. Monto, desmonto, pruebo, repruebo, y nada. Conecto, desconecto, maldigo y remaldigo pero nada.
En la web del fabricante no dice nada, evidentemente, más que cómo crear los discos de recuperación. Encima ya hay compromiso de por medio, segunda reparación en unos meses. ¿Con qué cara voy a decirle a mi cliente que hay que sustituirle la placa base y que vale casi lo mismo que el portátil?
Echo mano de la suprema sabiduría de google que sigue la máxima de que lo mejor no es saber mucho, sino el teléfono del que sabe, y hago una búsqueda a ver si a alguien más le ha pasado lo mismo. Clarividente respuesta por parte del buscador:
Así de simple y así de complejo. El problema era simplemente de comunicación. ¿Tu has hablado con el portátil? ¿Le has preguntado qué le mueve, sus motivaciones, qué siente? ¿O tal vez tenga un crisis existencial y por eso no se entiende a si mismo? ¿Dónde vamos a llegar con la Inteligencia (Emocional) Artificial?
De momento lo dejaré en retiro espiritual hasta esta tarde, a ver si mientras se me ocurre algo que hacerle. ¿Como sería su infancia cuando era una simple PDA o una calculadora de bolsillo? Ahondemos, pues. Salud y suerte.
