Clientela, cantinela, magdalenas y otras hierbas.
Variopinta es la clientela que tiene uno, y de agradecer que la mantenga. Hoy vamos a hablar de un tipo de cliente que es una mezcla entre José Mota y Santi Rodriguez. Pero no por lo gracioso y simpático, nada más lejos de la realidad, sino por lo cansino y ansiaviva.
Para poneros en antecedentes cuando estoy solo en la tienda suelo estar metido en el taller (el zulo, que lo llamo “cariñosamente”), con la cabeza dentro de algún cacharro y un ojo en la webcam que uso para ver quien entra. Como quité el pito de la puerta (el chivato, vamos) la gente piensa que desconozco su entrada, así que este ansia en particular entra tosiendo, gritando ¿¿¿¡¡¡Hola!!!??? y haciendo ruido con las llaves.
A la velocidad de la luz salgo del taller, unos diez segundos más o menos. Y creedme si digo que en ocasiones me arrepiento.
Yo: Buenas.
Cliente: Tarjetas, buenas, de memoria, tardes.
Yo: ¿De qué tipo?
Cliente: Del mejor que tengas.
Mal empezamos. Tras cinco minuticos de discusión logro deducir el tipo de tarjeta que necesita. Lamentablemente era una xD y no tengo, apenas se usa y se vende muy poquito.
Cliente: ¿Y me la puedes pedir?
Yo: Claro, a ver… tengo una de 2 higos que te sale en tanto.
Cliente: ¿Y de cuatro?
Yo: De cuatro no tengo en la tarifa, sólo de dos.
Cliente: Pues dame la de dos.
Yo: Te la pido entonces y la tienes aquí el lunes.
Cliente: ¿No la tienes aquí? Si la tienes que pedir pide la de cuatro.
Yo: Aquí no tengo ninguna de ese tipo. Te la puede pedir, pero la de dos, de cuatro no hay en la tarifa.
Cliente: ¿Pero tienes aquí la de dos?
Yo: No.
Cliente: ¿Y la de cuatro?
Yo: Tampoco.
Cliente: Pues entonces pídeme una de cuatro.
Yo: No tengo en tarifa, te la puede pedir de dos.
Clientes: Pues dame la de dos entonces.
Yo: No la tengo aquí, tengo que pedírtela.
Cliente: Pues entonces pídeme una de cuatro.
Yo: A ver, de cuatro no tengo en la tarifa ni aquí, pero de dos si que tengo en la tarifa pero no aquí.
Cliente: Entonces… ¿Me puedes pedir una de dos?
Yo: Si.
Cliente: ¿Y de cuatro?
Yo: No.
Cliente: ¿Tienes aquí alguna de dos?
Yo: No.
Cliente: ¿Y de cuatro?
Yo: Tampoco.
Cliente: Ajá… pero ¿Me puedes pedir una de dos?
Yo: Si.
Cliente: ¿Y de cuatro?
Yo: No.
Cliente: Entonces… yo creo… espera que lo consulte.
Saca el móvil e intenta explicarle la conversación al destinatario de la memoria. Imagínense si a dos bandas la conversación era complicada cómo sería a tres.
Cliente: Que dice que si tienes de más de cuatro.
Yo: No, sólo de dos y te la tengo que pedir por que no es una memoria de uso frecuente.
Cliente: Pues el dice que la lleva usando más de un año.
Finalmente me encargó la de dos, que al fin y al cabo era la única opción plausible desde el comienzo (o bien acudir a otro establecimiento a ver si tenían más variedad). Aunque justo antes de irse gira la cabeza hacia la vitrina de las memorias.
Cliente: Aquí tienes de cuatro.
Yo: Pero son de otro tipo.
Cliente: ¿Y no le valen a mi cámara?
Yo: No, la tuya usa otra memoria.
Cliente: ¿Y de la mía no tienes de cuatro?
…
Ganas me dieron de decirle “te la puedo dar, pero hoy no… mañaana”.
Aunque estas cosas suenan mejor cuando las cuenta Santi:
Salud y suerte.
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