Yo, dependiente
En su día el señor Asimov enunció las tres leyes fundamentales de la robótica. Robot en su origen significaba algo así como “sirviente”, es decir, el que hace el trabajo, el que lo ofrece. Digamos que es el que a cambio de algo (dinero, comida, no ser asesinado) te ofrece si trabajo.
En resumen, bien podía definirse como… Dependiente.
Así pues, y en un alarde de anarquismo, echemos abajo las leyes. Ya que no pueden ser las de fumar en los bares, al menos desfogaremos con estas.
1.Un dependiente no debe dañar a un cliente o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
¿Dañar? ¿Dañar yo? Casi peor es la segunda parte, lo de permitir por inacción que el cliente sufra daño.
Cliente: ¿Taitantos por un antivirus? Si, hombre. Mejor voy a lo de mi primo que me lo mete gratis.
Yo: Usted verá.
Y efectivamente, no solo se lo metió gratis, sino que también doblado. A las pocas semanas con un vivero de malware que casi tenía que declararse zona protegida por la biodiversidad.
¿Dónde está ahora mi dios? Si se advierte, se readvierte y por mucho que se haga se fracasa… ¿Soy acaso yo el guardián de mi cliente?
Punto para Asimov.
2.Un dependiente debe obedecer las órdenes que le son dadas por un cliente, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
Cliente: Buenas, te traigo el portátil para que lo formatées. Tiene algún virus, seguramente, y va demasiado lento.
Yo: Déjamelo y le echo un ojete. Te pasas en un par de días y te digo algo.
Aquí pueden pasar dos cosas.
Le hago caso al cliente y le formateo el equipo. Así, tal cual. Sin anestesia ni nada y que el cliente lo agradezca con un sonoro “Pero… ¡¡¡¿¿¿Esto que es???!!! ¿¿¿Andestán mis pelis y mis cosas???”. Cliente dañado por seguir a rajatabla lo que me ha ordenado. Pero, hijos midos, la relación entre lo que quiere un cliente y lo que pide es la misma que hay entre lo que quiere que haga el ordenador y lo que realmente le pone a hacer.
No le hago caso y se lo reparo. Echo mi buena mañana limpiando virus, peinándolo, secándolo, le hago mechas y le limo las teclas. Por la tarde está el equipo niquelado. Entonces al recogerlo me regalará un precioso “¡¡¡¡Taitantos leuros!!!!! Te dije que lo formatearas. Si no lo has hecho es tu problema”. – Si, vale, pero…. ¿Y los potrocientosmil higos (de porno en su mayoría) que tenías guardados? – “Hombre, esos me los tienes que guardar, estaría bueno.
Claramente se puede observar que la segunda ley de Asimov es una gilipolluá más grande que un bug del windows vista.
Otro punto para Isaak.
3.Un dependiente debe proteger su propia existencia mientras dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
Partiendo de la base de que la existencia de un dependiente se basa exclusivamente en el número de clientes que tenga… ¿Qué sentido tiene esta ley?
Está claro que para proteger la existencia hay que violar las dos leyes anteriores. Igualmente las dos leyes anteriores se ha demostrado que son inaplicables. Si lo haces fallas y fallas si lo haces.
Asimov, hermoso, ¿No aprendiste nada mientras vendías ordenadores?
Por fortuna siempre hay una cantidad importante de clientes que independiente de lo que se les cobre o lo que se tarde en repararles el equipo, siempre se despiden con un “Muchas, gracias. Todo el trabajo/estudio/ocio lo hago con el portátil y si no me lo arreglas me quedo en bragas.”
Salud y suerte.

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2 comentarios
2. Rocío, hace 1 año y 3 meses
Me parto, cuanta razón!!!, si parece que lo estoy viendo!!!!
1. Ángel Raúl, hace 1 año y 3 meses
Claps …Claps…Claps… Claps… (aplausos múltiples)
Muy bueno..jejeje que te voy a decir de lo que me gustan tus chorradas que no te haya dicho ya