Por El Rafa. Monday, 17 de October de 2011.

Cara Dura

Favores, apaños, poyaques, vistazos, ojetes… Todas esta palabras tienen algo en común: Se esperan gratis. Máxime cuando quien las solicita es cuasi familia.

Al grano. Un señor mayorcete (aunque se empeñe en negarlo a golpe de justformen) pasó el otro día cerca de la tienda. Caramba, pensaría, ahí está Rafa echándose un cigarrico, vamos a saludarlo.

Que cómo te va, que tal la familia, etc… Tras las fórmulas básicas de cortesía, y sin mediar prolegómeno alguno soltó la bomba: “Pues si, ya que tu sabes de esto a ver si te traigo un GPS para que le eches un vistazo, a ver si tu lo puedes echar a andar”. No hay problema dijo, oh mísero de mí, pensando que todo quedaría en un simple vistazo.

Pasaron los días y cuando casi había olvidado la “cita” apareció con su flamante Tomtom de a diez mil duros el cuarto de kilo. El problema era que le resultaba imposible completar las direcciones de destino. Raro, en un cacharro de estas características lo que sobran son los asistentes, tips y demás zarandajas. ¡¡Si hasta se echa de menos a Clippy!!

Cuando comienzo a introducir una dirección a ojo me doy cuenta de que no es que no pudiera, ¡Es que ni siquiera le habían explicado como comenzar! No me digas más, que me hago una idea de dónde lo compraste.

En fin, que como no cuesta trabajo, y son un par de minutos le explico por encima como meter direcciones por voz y por teclado. Dándole la base para que vaya bicheando el aparatejo y manejar más funciones. Hasta ahí bien. La conversación previa a la despedida es la que demuestra, más aún, la caradura que gasta la gente cuando necesitan algo.

Cliente: Pues muchas gracias, llevo varios días con el cacharro y no había manera. Y mira que es bueno, que yo sabía que el problema sería mío. Pero bueno es de cojones, con lo que me costó…

Yo: Pues si, es una buena máquina. Te costaría sobre los taitantos más o menos, ¿No? A ese precio los tengo yo aquí en la tienda.

Cliente: Anda, ¿Tu vendes? De haberlo sabido hubiera venido aquí. Además tu por lo menos me lo has explicado bien.

Yo: Hombre, pues si. Si no vendiera sería absurdo que vinieras a preguntarme como funcionan.

Cliente: Claro, claro. Aunque por el mismo precio… además me cogía de camino al salir del cine. Pero bueno. Como vale igual no hay problema.

Yo: Si, hijo mido, si lo hay. No es lo mismo despachar un aparato como este que dártelo con las mínimas instrucciones. Y ya que tenemos confianza para preguntar …

Cliente: Ya, ya. Pero ya me lo has explicado. Así que estupendo. Como si lo hubiera comprado aquí. Y eso, que muchas gracias. Ya si necesito otro me pasará a que me digas cuales son mejores.

Ahí queda la cosa. No hay confianza suficiente para comprar aquí, pero si para preguntar cómo funciona. Incluso para preguntar sobre varios modelos a ver cual es mejor sin garantía alguna de que lo compre aquí. Y ya de “¿Te debo algo?” ni hablamos.

Así que ahí va el tío: saliendo de mi tienda un cliente satisfecho… ¡De otra! Cogiendo, eso si hay que reconocérselo, lo mejor de cada casa.

Y muy bien que hace. Pero lo justo sería que si a una tienda de barrio, de proximidad, se le exige un stock y una variedad propias de una gran superficio, no estaría de más exigirle a esa superficie un trato como en la tienda. Vamos digo yo.



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